Modric y El Real

El Real Madrid conquistó su Mundial tras un encuentro muy sólido y que, por primera vez en bastantes meses, ofreció luz con respecto a su futuro en esta temporada. Sobre todo, porque más allá del nivel en sí, fundamentó su actuación en aquello que le distinguió el año pasado como uno de los equipos más competitivos que ha visto la Champions League: un control del balón segurísimo, la sensación de omnipotencia de sus individualidades y una transición defensiva brutal que le llevó a encadenar un ataque detrás de otro sin que el rival pudiera frenar la dinámica. Colectivamente, fue el campeón de Cardiff.
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Por descontado, el contexto ayudaba. Los blancos han alcanzado el ecuador de la campaña y empiezan a sentir que ya no hay lugar a la relajación. Además, este torneo se ha popularizado con el tiempo a la vez que el concepto de “Sextete” y, ahora, tanto clubes como futbolistas le conceden un gran valor, lo cual la convierte en una cita muy dada a reactivarse. Los jugadores del Madrid se movieron más, más rápido y con más concentración, y a menudo, el fútbol no es más complejo que eso cuando involucra a fenómenos como los que componen la alineación de Zinedine Zidane. El Real exhibió una intensidad que, hasta ayer, no había sido su tónica habitual. Ese fue el comienzo.

En lo individual, sobresalieron Varane, Marcelo, Ramos y Modric. Y para el Madrid es crucial que destaque cualquiera de sus cracks, pero el brasileño, el español y el croata representan algo más. Ellos han constituido, junto a Cristiano Ronaldo, el núcleo duro y ganador de las tres Champions (casi) seguidas, y el proyecto requiere de sus más grandes versiones para que el equipo vuele. Por sus perfiles, provocan efectos de impacto macro que transforman los envites en favor del Real Madrid.

Ramos determina la altura del sistema con su liderazgo y ambición; amén de ser, con Kroos, el pilar de una salida de balón que casi nunca sufre. En lo relacionado con Marcelo, que se muestre capaz de hacer una ventaja del 1 contra 2 ofensivo (él solo contra lateral y ayuda) compensa el vacío que hay en su banda izquierda en cuanto a profundidad debido a que el interior (Kroos) es poco agresivo por fuera y a que el punta, Cristiano, cada día juega más centrado. Y no es que compense, sino que hace del defecto un bastión al tiempo que favorece la superioridad numérica en otras partes del campo. Si bien, quizá, quien más cosas cambia por sí mismo sea Luka Modric.

Modric simboliza virtudes de enorme relevancia en el fútbol actual. En tareas sin balón, su sabiduría táctica y agresividad defensiva exponencian el nivel del Real Madrid; mientras que a la hora de atacar, se trata del centrocampista más vertical y desequilibrante del once cuando atraviesa por su pico de forma, lo que desemboca en que dota de profundidad interior a un conjunto que no va sobrado de ello. Modric agarra el balón en el centro y bate líneas desde su conducción, gritando así “jaque” a un sistema oponente que debe proteger la amenaza y descuida los costados para que Carvajal y Marcelo sean Carvajal y Marcelo, entre otras muchas cuestiones. La más relevante, el ritmo. Modric genera ritmo en el proyecto que, por más que hayan pasado los años, corona el killer Cristiano Ronaldo.
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¿Que por qué sólo 1-0 si tan buenas vibraciones transmitió el Real ante un inoperante Gremio sobre el que no se ha apuntado nada porque fue borrado del terreno? Porque la cuarta cara del proyecto ha sido y es, como se dijo, Cristiano Ronaldo, que pese a presentar un grado de participación y movilidad superiores a las de otros días, no enseñó una acierto creciente en la misma proporción. Tampoco Isco, que siendo de menor influencia, también ha llegado a ser clave.