Setien

En la victoria del Real Betis en el Santiago Bernabéu está todo. Lo bueno y lo malo. El potencial existente y los problemas a solucionar. Las garantías y las incógnitas. La ilusión creada y las expectativas por satisfacer. En definitiva, está tanto lo que le estaba ocurriendo antes como lo que le está pasando ahora. Y esto Setién ya lo sabía.
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Recientemente, el propio Quique Setién aludía a aquel partido para recordar que antes de que llegase esa magistral jugada en el tiempo añadido que venía a ejemplificar lo que debía ser su Betis, Antonio Adán había sido el héroe del partido al detener cinco situaciones de gol. De hecho, la frustrante y desesperante presión del Real Madrid ante los toques béticos había nacido, precisamente, de no haber podido marcar a pesar de haberlo merecido con claridad. Porque la inestabilidad del sistema no es un problema nuevo. Estaba desde el principio. Incluso cuando se ganaba. Y nace de la falta de control.

En el pasado “Cáprica” Garitano comentaba que muchos equipos plantean la salida en corto como una especie de trampa para la presión de los rivales. Buscan que se estiren y asuman riesgos para luego castigarles. Y esto es precisamente lo que hizo el Real Betis en las primeras jornadas.

No sabemos si era lo planeado, no hemos tenido todavía el gusto de charlar con Quique Setién, pero la salida de balón del conjunto verdiblanco no ha sido una herramienta de control, como sí era en Las Palmas, donde se iba progresando escalón a escalón a partir de la formación de triángulos, sino que más bien era la forma de inventarse una transición peligrosa. El gol al Villarreal o los tantos a la Real Sociedad fueron buena prueba de ello. Pero la demostración definitiva fue que el notable rendimiento de Andrés Guardado fuera más producto de lo que hacía lanzando o acelerando en los últimos metros que dominando o controlando.

Así el Betis logró lucir una pegada sobresaliente. Sergio León, Tony Sanabria, Fabián Ruiz o Joaquín destacaron sobremanera al aprovechar las constantes ventajas que disfrutaba su equipo en campo rival. Sin embargo, esta fórmula tenía dos problemas. A corto plazo estaba el hecho de lo que sufría su equipo, tanto si fallaba el primer pase como si incluso lo acertaba, pues como decía Guardiola “cuánto más rápido vas, más rápido te vienen”. El Betis fomentaba las transiciones. Y su sistema defensivo no estaba preparado para soportarlo. A largo plazo, además, estaba el hecho de que cada vez le costaría sacar más el balón jugado de esta manera. En La Liga todo se estudia. Los entrenadores necesitan actualizar cada concepto porque en apenas cinco jornadas el resto ya lo ha descifrado. Ahora al Betis se le busca de otra forma, se ha ajustado su presión y su transición, y ha dejado de obtener ventajas de lo mejor que hacía sin lograr mejorar lo que peor se lo daba.
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Primero llegaron los goles en contra, después llegaron las derrotas y ahora, a pesar de los buenas comentarios del vestuario, han llegado las dudas. El proceso no ha podido resultar más predecible. Y problemático. Porque el Betis en las últimas jornadas ha dejado de dar los pases que necesita dar. Los jugadores, como reconocía Setién, han dejado de mostrarse de la misma manera.